En una sala del cine vacía, se reunieron secretamente Buster Keaton, Totoro, Amélie, Pedro Almodóvar y Sidney Poitier. Su preocupación: la deriva del cine actual. Su objetivo: salvar el séptimo arte.
— Con la aparición de las grandes plataformas de streaming, se ha perdido el cine como ceremonia, como experiencia colectiva. El silencio y la oscuridad eran parte de un ritual que está desapareciendo — reflexionaba Almodóvar.
— Los pequeños gestos pasan desapercibidos, parece que las películas hoy necesiten ruido y explosiones para captar la atención —se lamentaba Amélie.
Totoro emitió un suave gruñido de disgusto.
Sidney Poitier dijo: —antes, las películas tenían un mensaje, que necesitaba su tiempo para digerirlo. Había propósito. El cine era una herramienta de transformación. Ahora, los jóvenes prefieren un video de treinta segundos que te dice cómo debes pensar.
Buster Keaton permaneció serio y, por supuesto, callado.
El pesimismo inundó la sala. Transcurrió un tiempo en absoluto silencio.
—Pero también es verdad que, a través de las plataformas, conocemos un cine multicultural. Puedes ver una película coreana, india o iraní cuando antes solo accedíamos al cine americano —se atrevió a decir Amélie.
—Además, hoy en día la censura apenas existe y hay grandes obras que demuestran que sobrevive el cine de autor —reconoció Almodóvar.
—Y hay personajes de toda raza, género y orientación sexual. Cada vez se escuchan voces más diversas e incluso hay festivales de cine dedicados a los derechos humanos, como el Humans Fest de Fundación por la Justicia—reflexionó Sidney Poitier.
Totoro emitió una vibración que todos percibieron.
Y, por primera vez en la historia del cine, Buster Keaton sonrió.
